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Infierno en Notre Dame

DL/Internacionales/9-6-2019-Mientras la Catedral de Notre Dame ardía y miles de personas salían de sus barrios para lanzarse a las calles de París a ver el espectáculo, periodistas de la AFP registraron este histórico momento desde diversos ángulos.

Un reportero, un videasta y cinco fotógrafos de la agencia relatan lo que más les impresionó de esta cobertura.

Me fui a pie hasta la catedral. Ya había un perímetro de seguridad, pero con un colega nos metimos. Mientras caminaba iba viendo mis imágenes y las transmitía al mismo tiempo. El momento más impresionante para mi fue cuando el techo de la nave se derrumbó. La gente que me rodeaba no pudo reprimir los gritos de asombro.

Eso es lo que más me impactó, esos cientos de personas que no podían contener su estupor. Luego llegó el momento en que la aguja se iba a caer. Yo estaba muy concentrado para no perderme la sesión de fotos. No podía dejarme llevar por la emoción. Solo miré hacia otro lado del fuego para tomar los rostros de la gente que me rodeaba.

Otro momento que me marcó fue el de las personas cantando. Parecían canciones religiosas en francés, fue conmovedor.

Me dijeron que la fotografía que destacó fue la del rosetón, cuyas formas se recortaban iluminadas con las llamas por detrás.

Fue aterrador el momento en que el techo estaba totalmente en llamas, devastado por el fuego. Había hecho muchos reportajes dentro de la catedral, y frente a este espeluznante espectáculo pensé: «Está claro, todo se va a acabar».

Miré hacia atrás y recordé todo lo que había visto antes. Había estado en la aguja hacía seis meses, subiendo a través de una especie de intestino delgado. Todos mis recuerdos volvieron de repente. Me inmovilicé un poco, durante 20 segundos me detuve. El espectáculo era abominable, pero el reflejo profesional me permitió controlarme.

Durante toda la noche me encontré con una gran multitud de parisinos y extranjeros. Todos estaban asombrados y en silencio. Muchos rezaron y cantaron canciones religiosas hasta altas horas de la noche. Una gran cantidad de personas filmaron con sus teléfonos inteligentes para compartir en redes sociales, por lo tanto a veces se me dificultaba transmitir mis fotos.

Pasé por varios puntos altos para ver el techo y el fuego, y siempre fui recibido inesperadamente por gente maravillosa, pero muy triste por la tragedia. Tenía la impresión de que toda la ciudad rezaba para que la catedral resistiera las llamas. Creo que ocurrió un pequeño milagro porque la señora, el corazón de París, resistió.

Me ofrecí a salir a las 19h04. Partimos con mis dos colegas Frédéric Jeammes y Grégoire Ozan y a las 19h25 horas ya estábamos en directo frente al Ayuntamiento.

La atmósfera era increíble. Era la primera vez que veía a tanta gente filmando con sus teléfonos. Ninguno o casi ninguno de ellos lo vio con sus propios ojos. Cada vez que caía material se escuchaban gritos entre la multitud. No pensé que me sacudiría tanto. Hubo una gran emoción compartida.

Al salir de la agencia pensé que para cuando llegáramos el fuego se habría apagado. Es lo que sucede a menudo. Incluso en casa dije: «espérame para el postre». Cuando llegamos había una marea humana en la plaza.

Me conmovió mucho el colapso de la aguja. Sabíamos que no había muertos ni heridos, pero fue un momento en que un testigo de la historia se cayó. Se me cerró la garganta.

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